Yo tuve un niño hace tres años, doce años, buen brazo, le pegaba bien en el cage. En el primer juego de la temporada roleteó uno fácil al campo corto y lo tiraron en primera por dos pasos. Se quedó parado en el dugout con los ojos aguados, mirando el piso. Yo me le acerqué y lo primero que salió de mi boca fue "tienes que correr más rápido". El niño no dijo nada. Asintió. Y en los siguientes tres juegos, cada vez que bateaba, yo veía esa misma cara antes de salir del plato.
Me tardé dos semanas en darme cuenta que yo había hecho el daño. No el error. Yo.
Lo Que Pasa en el Cerebro del Nino en Ese Momento
Cuando un niño comete un error, su cuerpo ya lo sabe. No necesita que se lo digas. Siente el foul tip en los dedos, ve la pelota que se le va por entre las piernas, escucha el out. Ese momento ya está registrado. Lo que pasa en los siguientes diez segundos, eso es lo que tú controlas.
Si tú llegas con corrección inmediata, el niño aprende que cometer errores trae crítica. Y empieza a jugar para no equivocarse, que es completamente diferente a jugar para ganar. Eso lo cambia todo: los swings se hacen cortos, los outfielders no cargan la pelota, los catchers no bloquean porque tienen miedo de que la pelota los pase.
El Error Que Yo Cometía Siempre
Al principio de mis primeros años como coach, yo llegaba directo al niño después del error con la corrección técnica. "Las manos tienen que estar así." "Tienes que mantenerte bajo." Yo creía que eso era ser un buen entrenador, que estaba haciendo mi trabajo. Lo que no entendía es que un niño que acaba de cometer un error no está en modo de aprender nada. Está en modo de sobrevivir.
El cerebro bajo estrés no recibe información técnica bien. Eso no es excusa, es biología. Y yo les hablaba como si fueran una computadora que necesitaba una actualización de software.
Lo Que Funciona de Verdad
Ahora mismo, cuando un niño comete un error, lo primero que hago es acercarme sin prisa. Sin correr, sin lenguaje corporal exagerado. Me pongo a su nivel si es un niño chico, o camino junto a él si ya tiene más edad.
Y lo primero que digo, siempre, es algo que reconoce el esfuerzo o le baja la presión. Algo como: "Oye, estabas en la jugada. Eso es lo que quiero." O simplemente: "Estás bien. Siguiente jugada." Nada más. No es el momento para la lección.
La lección viene después. En la próxima práctica, trabajamos el fundamento en frío, sin presión de juego, sin público, sin marcador. Ahí es cuando el niño puede escuchar y su cuerpo puede aprender. No en el dugout con los padres mirando desde las gradas.
Un Guion Que Puedes Usar Esta Semana
Imagínate que tu outfielder pierde una línea en el sol y cae para hit. Viene trotando de regreso a su posición con la cabeza gacha. Tú le gritas desde el dugout o desde la línea: "Oye, número siete, la leíste tarde pero fuiste a buscarla. Eso es lo que necesito. Prepárate para la siguiente."
Eso es todo. Trece segundos. Mencionas lo que hizo mal sin hacerlo el centro de la tragedia, reconoces el intento, y lo mandas hacia adelante. El niño levanta la cabeza. Tú lo vas a ver.
Y con los padres, porque tarde o temprano te va a tocar hablar con uno que se te acerca después del juego y te dice que su hijo está muy frustrado, tú le dices: "Lo que más lo va a ayudar esta noche es que en casa nadie le mencione el error. Hablen de otra cosa. Déjenlo ser niño esta noche y mañana yo trabajo con él en el campo." Esas palabras exactas. Funcionan.
Lo Que el Error Realmente Es
Un error en béisbol juvenil es información. Nada más. Le dice al niño y a ti exactamente qué necesita trabajo. Un niño que nunca comete errores probablemente no está siendo retado lo suficiente, o está jugando con tanto miedo que no intenta nada difícil. Ninguna de las dos es buena.
Tú quieres un niño que cargue la pelota del bate en el outfield aunque sepa que puede fallar. Que se tire a segunda en una jugada cerrada. Que intente el swing en el 3-2 con corredores en base. Ese niño solo existe si sabe que cuando falle, tú vas a estar ahí con "siguiente jugada", no con una lista de lo que hizo mal.
Lo Que Ojala Alguien Me Hubiera Dicho Antes
Ojalá alguien me hubiera dicho que la conversación más importante después de un error no es la que tienes con el niño sobre el error. Es la que tienes con él sobre quién es él como jugador, con o sin el error. Eso es lo que se queda. No la corrección técnica. La voz que tiene en la cabeza cuando las cosas se ponen difíciles.
Tú eres esa voz. Cuídala.
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